viernes, noviembre 04, 2005

No lo intentes.

A mí no me gusta manejar. De hecho, a mis 32 años no sé manejar. Lo único con lo que me siento cómodo en la calle es en bici o en moto.

Por lo tanto puedo decir que nunca he manejado borracho.

Aunque he sido más irresponsable aún: me he subido a carros de borrachos durante toda mi adolecencia.
¿Quién no lo ha hecho alguna vez? Yo lo hice. A toda velocidad, con las ventanas abiertas y disfrutando de lo que podrían ser mis últimos minutos. Derrapando en las curvas, con botellas en el suelo y pensando en el accidente que se llevó a mi viejo cada vez que la aguja pasaba los 100 km/h.

Eufórico.

Ahora ya no lo haría. Llámenlo vejez o paternidad. La única verdad es que a lo largo de mi vida tantas personas se han ido por "estupideces" de gente inconciente que me da hasta verguenza ver gente ebria al volante.

Pero cuando uno es joven no sabe de eso.

2 comentarios:

Maria Hierba dijo...

por alguna extraña razon solo he viajado en un auto conducido por un borracho dos veces en mi vida: la primera cuando estaba chibola y me moeria de miedo mientras el borracho de mi tio nos llevaba de vuelta a casa a su mujer, sus dos hijos y a mi luego de una fiesta. la segunda: cuando regresaba de una chupística a morir de casa de unas amigas y la novia de mi adorado tormento me jaló hasta mi casa, yo estaba tan celosa que hubiera querido que chocáramos (yo estaba en el asiento del copiloto), locuras de borrachos. en ninguno de los dos casos pasó nada.

creo que tengo suerte.

The First of the Gang to Die dijo...

solo da terror el acordarse lo que uno hizo anos atras.