viernes, febrero 15, 2019

40

Te veo desde arriba, no sé por qué. Es un recuerdo que no tuve, sin embargo me asalta cada cierto tiempo hace más de 40 años. Intento serle esquivo, confundirlo, mover algunos muebles y trastos en mi mente para taparle el paso, pero me agoto. Hoy, me encuentra particularmente cansado y le abro la puerta. Me siento con él y vemos juntos aquel instante que no estuve ahí, pero que recuerdo a la perfección.

Da la impresión de que estás cómodo sobre el asfalto tibio, iluminado por la desgracia y la luna. Yo no siento nada, estoy fascinado mientras desciendo entre los árboles. 
Observas las estrellas bailar borrosas, las miras sin verlas, como quien al fin va encontrando respuestas eternas. A tu lado gritos, algunos desesperados y sorprendidos por tu calma. Es que ellos no saben que siempre fuiste así. Lo observabas todo, calmado y tranquilo. Seguro estás pensando en ellas, en mí y en tu inapelable tránsito hacia la oscuridad, aquella hacia donde avanzas a borbotones. El charco va enmarcando tu cuerpo, ahora eres una isla silenciosa, en medio de gritos que cada vez son más sordos para ti. Sé que sabes lo que significa. Sé que sabes que no habrá retorno, porque tú eres así: todo lo sabes y, en silencio, todo te preocupa. Por eso aquellos pendientes laceran tu mente más que aquel acero en tus entrañas. Luego de un rato ya no calculas ni te preocupas. Solo hay imágenes. Las veo en tus ojos, como en una proyección, mientras sigo en el viento, en remolinos, alrededor tuyo. De repente me miras y sonries. Tal vez fue solo un rictus de dolor, pero es lo que recuerdo o lo que quiero recordar.

Las estrellas están más lejos y ya no escuchas nada. La luna está clara y grande, reflejada a tu lado. -Me tengo que ir- ¿lo dije yo o te escuché? da igual ahora, porque tu voz es la mía y tu recuerdo se mezcla con mi visión.
-Me tengo que ir- sonrío. -Todo va a estar bien- mentimos. Y me fui yendo y te dejé 
con la mirada fija en las estrellas.

La carretera era una cinta y tú, un punto. A lo lejos, luces y aullidos van por ti.


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