martes, abril 08, 2014

Bodas de semejanza: San Sergio y San Baco.



Dos dedos embebidos en agua bendita formaron una cruz en la frente de Sergio. El etéreo reflejo de los vitrales sobre la coraza metálica chisporrotea en un especie de arcoiris. A su lado otro hombre, el segundo en la escuela militar, recibe la misma bendición del sacerdote. Los cantos en latín enlazaron en la Tierra a estos dos valientes militares, uniéndolos para siempre con el tradicional y católico ritual: ambos unidos por un cinturón, sus manos sobre los evangelios y en la otra una vela encendida.

Otorgada la bendición a la pareja, el pronubus, el padrino de la boda, se apresuró a hacerlos beber de la misma copa por orden de rango: primero a Sergio, el primicerius, comandante en jefe del Palacio Imperial, y luego a Baco, su compañero leal y también dirigente de la casa de armas del emperador Maximiano. Ambos se besaron con un fuerte y cariñoso abrazo mientras en la liturgia se leía la Primera carta a los Corintios 12:27 a 13:8 (Pablo de Tarso sobre el amor) y el Evangelio de San Juan 17:18-26 (sobre la unidad)

Comenzaba el año de 300 de nuestro Señor y esta pareja fue conocida por su valentía y arrojo en combate. Sin embargo fueron acusados por el resto de soldados al descubrirse la verdad que tanto intentaron ocultar: ambos eran cristianos.

Maximiano ató cabos y recordó cómo los dos se ausentaban justo en el momento del sacrificio a Zeus. ¡Cómo había podido tenerlos tan cerca! ¡Malditos traidores! El martirologio de estos primeros cristianos había comenzado: primero una tremenda golpiza a Baco, seguramente en presencia de Sergio ya que todos sabían que ambos se amaban. Baco debe haber soportado la tortura con la valentía de un hombre de fe y luego santo, en silencio. Recibió golpes e insultos de sus propios alumnos y protegidos. Luego le tocaría el turno a Sergio. Al comandante se le ordenó correr 18 millas calzado con sandalias de clavos con las puntas puestas hacia el interior. Con los pies clavados hasta el hueso, también debe haber cumplido el castigo estoicamente. Posteriormente fue decapitado.

El sacerdote cristiano los había unido en cuerpo y alma en nombre de Dios y así fue: permanecieron juntos tal como aparecen en diferentes iconografías (cabalgando en un mismo caballo como soldados y a veces con Jesús en medio de ellos) recibiendo la muerte en nombre de sus propias creencias.

La historia tiende a repetirse pero nunca de la misma manera. A veces juega a la paradoja, baraja los elementos o se alimenta de otros logrando combinaciones inesperadas. Pero siempre es una repetición. Así es como vemos a muchos que sufrieron por el fascismo convertidos en ultras y a quienes fueron perseguidos en perseguidores.

Se puede decir lo mismo de los cristianos modernos, que han olvidado (o nunca supieron) que alguna vez existió un ritual dentro de la Iglesia llamado Adelphopoiesis o Bodas de semejanza. Una unión civil y espiritual, aceptada por la iglesia desde su creación hasta aproximadamente el siglo XIII, cuando se inicia una larga época de intolerancia relacionada más con el poder político.

La paradoja no es la historia de Sergio y Baco, amantes esposos homosexuales (ahora santos) que murieron a inicios del S.IV por pertenecer a una minoría cristiana, sino que en pleno S.XXI exista una serie de homínidos pre-sapiens que sostienen que la unión entre hombres del mismo sexo no solo es pecado (según lo que acabamos de ver, no lo fue al comienzo del cristianismo) sino también anticonstitucional. 

Fue John Eastburn Boswell, catedrático en historia de Yale y doctor en Harvard de historia medieval y filología, quien estudió a fondo esta unión o matrimonio homosexual - católico / cristiano. En su libro "Cristianismo, Tolerancia Social y Homosexualidad" (1980) transcribe varias partes de un ritual que tranquilamente podría volver a entrar en vigencia y ser aceptado por la Iglesia "moderna".

En la sociedad feudal estas bodas unían familias completas, así si uno de ellos moría el otro estaba obligado a apoyar la familia de su "hermano de sangre". Algo similar al padrinazgo o "compaternitas" que es lo mismo pero con los hijos. Todo esto iba más allá del tema religioso. Incluso existen documentos en los que se habla de uniones entre personas del mismo sexo. Algo similar a la Unión Civil por la que luchamos quienes sostenemos que el amor es un derecho universal.

Quiero dejarles la cita de uno de esos documentos: un especie de pacto de unión civil entre dos monjes cristianos, fechado en 1031, y que sorprenderá por lo claro y actual de su contenido:

"Nosotros, Pedro Didaz y Munio Vandiles, pactamos y acordamos mutuamente acerca de la casa y la iglesia de Santa María de Ordines, que poseemos en conjunto y en la que compartimos labor; nos encargamos de las visitas, de proveer a su cuidado, de decorar y gobernar sus instalaciones, plantar y edificar. E igualmente compartimos el trabajo del jardín, y de alimentarnos, vestirnos y sostenernos a nosotros mismos. Y acordamos que ninguno de nosotros dé nada a nadie sin el consentimiento del otro, en honor de nuestra amistad, y que dividiremos por partes iguales el trabajo de la casa y encomendaremos el trabajo por igual y sostendremos a nuestros trabajadores por igual y con dignidad. Y continuaremos siendo buenos amigos con fe y sinceridad, y con otras personas continuaremos siendo por igual amigos y enemigos todos los días y todas las noches, para siempre. Y si Pedro muere antes que Munio, dejará a Munio la propiedad y los documentos. Y si Munio muere antes que Pedro le dejará la casa y los documentos". 



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