viernes, agosto 11, 2006

Vecinos

Son como las siete de la noche y me llama Edú a cancelar la primera invitación que hago para que el mundo conozca mi hogar. Estoy trepado sobre un ridículo banco, a oscuras, intentando cambiar la lámpara antigua de las sala por una de papel que acabo de comprar.

Salado Ed, otro día vienes a ver mi nuevo depa y sus únicos y flamantes muebles semicirculares (lo máx, me encantan pero son lo único que hay... y una cama)

Con una mano cuelgo del cable de cobre y con el otro sostengo las herramientas. Estoy a diez centímetros de la ventana y veo lo cerca que estoy de una panorámica caída de cinco pisos. También se ve, entre dos edificios, un cachito de mar.

Suena el celular. He pasado días sin recibir una llamada a horas extralaborales, pero Murphy existe así que dejo las herramientas para no caer y la bola de papel se viene abajo con todo y parte del la mugre que tenía la tapa de la lámpara anterior. En fin, un desastre.

Así, maquillado por sudor, tierra y un incómodo polvillo blanco, me di cuenta que era mi amigo, vecino y videasta estrella (así, en ese orden): Aquiles Breton.

Aquiles es cubano, vive en el piso cinco del edificio del frente y la calle que nos separa es angosta. Así que cuando llego a casa temprano para atisbar el sunset enmarcado en concreto, acero y cristal (torres del Marriott y cúpula antisuicidas del puente Villena incluidas) él aparece con su pequeñín Santiago. Nos saludamos como vecinas viejas y nos despedimos para ver la puesta de sol en silencio.

La mayoría de veces en las que hemos conversado ha sido en medio de algún proyecto que yo escribía y él dirigía. La invitación al ron de bienvenida al barrio es una buena excusa para salir del enredo de cables en los que me estaba metiendo y para hablar de más cosas que videos y ediciones.

Estuvimos en su casa tomando un delicioso Havana Club (a mi no me gustó nunca el ron pero este estaba delicioso) Luego buscamos a un amigo suyo, Ponciano. Llegó corriendo pues tenía una función en el Cohiba (también es cubano) donde cantaba y tocaba el corno francés (!)

Más tarde hablábamos de Cuba y de cómo se vive allá. Recordé que lo más cerca de Cuba que he estado fue en República Dominicana. No fui a la parte de los ressorts, sino a la ciudad "real", la verdadera, el centro, que nada tiene que ver (no hay playas pues está cercada por un gigantezco acantilado. Lo que recuerdo con más fuerza de ese viaje fueron las prostitutas haitianas de diez o doce años que te abordan por el equivalente a diez soles o menos.

También recuerdo a los pintores (también haitianos) intentando vendernos sus hermosos, coloridos y empapados cuadros bajo la inclemente lluvia. Pero sobre todo recuerdo lo que me contaba el venezolano con el que recorrí los recovecos más grises de esa ciudad (si uno va a sólo a la zona turística en realidad no conoces nada...) sobre los campesinos haitianos.

Haití comparte la isla con República Dominicana. Es uno de los países más pobres del mundo. Los haitianos ven en el territorio vecino la salvación al hambre, las enfermedades. Imagino la ilusión con la que huyen familias enteras burlando la vigilancia fronteriza, para terminar por miles como mendigos en las calles y otro tanto de mano de obra barata en los campos. Sus razgos étnicos son totalmente diferentes a los del dominicano. Es fácil saber quién es un haitiano sin necesidad de escuchar hablar su afrancesado dialecto.

Los campesinos haitianos son contratados por cientos por hacendados dominicanos. Prometen pagarles una mensualidad al terminar la siembra. Cuando faltan pocos días para que se cumpla el plazo convenido llaman a la policía para que los deporten.

La policía tiene arreglos con estos hacendados y recibe una buena cantidad de plata por llevarlos de vuelta y que no molesten. Son tantos, tantos, que siempre esperan ser contratados.

Aunque nunca recibirán un centavo. Me pregunto ¿no saben ellos que esto sucede? me pregunto también ¿no saben los que vienen a Lima que esta ciudad que terminarán pidiendo en las calles?

Conocí el barrio, a dos vecinos y una película con la que pasé mi insomne madrugada: Habana Blues. Maravillosa película.

A propósito de mi insomnio, anteayer recibí una pequeña misiva de la vecina de abajo dándome la bienvenida y a la vez solicitándome no caminar ni mover cajones ni puertas en la madrugada, que está embarazada y no puede dormir bien. Linda bienvenida para un noctámbulo que sólo puede crear de noche.

Espero encontrar a alguien que pueda instalarme las lámparas el fin de semana que yo sólo podría hacerlo antes de dormir.

6 comentarios:

Cyan dijo...

¿No te enteraste?
Nuevo blog
Linkéame no?

http://popstitute.invazores.org

Laura Hammer dijo...

salud por la nueva casa y por la persona que se apiade en ayudarte con las lámparas.

Rose dijo...

Hola Melo, felicidades por el depa, tomale fotito y mandamela para conocerlo...mil besitos y no le hagas bulla a la embarazada...
rose
PS: que lindo que tengas vecinos amigos :-)

Eduardo Solis dijo...

Melón, finalmente fui.
El ron estuvo buenísimo, los piqueos de primera ... lo único malo fue la bola de papel esa. Estuve pensando que la puedes desinstalar y pintarla con algún diseño ... podría quedar chévere.

Eduardito dijo...

No se porque te dicen Melo, pero en fin, Melo, siguen habiendo reuniones de bloggers? tienen la misma acogida de antes?

Un abrazo

Edu

PD y mi polo de blogger?

Rain dijo...

¿Desde tu casa ves puestas de sol?
tu pequeña Mafe debe estar encantada :)

en tu post cuentas sobre los
que buscan diferentes horizontes en otros países y sólo encuentran lo peor, convertirse en
mendigos...

el solo hecho de escribir sobre ello es dar testimonio de esa realidad, ya que conoces a gente que está aquí y no la pasa de maravilla, aunque encuentran buenos amigos :)

los días de la ambientación del nuevo hogar son agotadores: algunas
veces se dosifican las movidas, Eso hice en mi tercera mudanza -tengo varias- y así ya no me pongo a clavar , acomodar, e intentar hacer todo en un día.

Gran salute, Lobo.