viernes, mayo 05, 2006

Cajones cerrados y cajones abiertos: la sonrisa de los muertos.

Hoy se murió mi tía Angélica.

Acabo de venir del velorio.

El cajón estaba cerrado. Creo que por eso encontré a la muerte en los rostros de la gente. Gente que se sentaba, que lloraba, que reía. Eramos todos los lobos con el reflejo de algún sentimiento en la mirada, en la voz, en las manos.

Ahí estaba mi abuelo, el lobo mayor, digno; despidiéndose de su hija de mirada esmeralda y voz de campana. Con la tranquilidad y sabiduría adquirida en sus cien años y con la experiencia de los hijos enterrados.

Me arrodillé y tomé su mano. Intercambiamos sonrisas tristes y algo sobre lo que es el vivir, que es morir.

Por ahí estaba mi primo. Nunca lo vi llorar. Recién hoy.

También el novio de mi tía. Ese rostro, más de dolor, era de ira. De impotencia.

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Mientras manejaba a la casa recordé la primera vez que vi a alguien muerto.

No fue en la tele, ni en una foto. Su rostro y el mío estaban a una decena de centímetros de distancia. Él tenía treintaypico años y yo cinco. Fue en una iglesia de Venezuela.

Recuerdo que el cajón estaba en medio (en el lugar donde siempre se ponen los novios). Los grandes estaban serios o llorosos, rezando en los asientos, lejos de él.

En un momento mamá me tomó de la mano y me dijo: "anda, míralo". No tenía claro el por qué estaba yo ahí ni lo que me encontraría en esa hermosa arca de madera.

Me acerqué y, a través de un vidrio, vi el rostro de mi papá tan sereno que creí que estaba dormido. Recorrí su camisa buscando rastros de sangre, alguna huella de la violenta muerte, pero no encontré nada. Estaba limpísimo. Hasta sonreía.

En conversaciones y en miradas había adivinado lo que le había pasado. Así fui construyendo mi historia. La historia de la muerte de mi papá. Cuando me asomé por encima del ataúd ya sabía que se había muerto, pero no tenía idea de lo que era morirse.

Toda mi infancia tuve esa imagen "limpia" y plácida de la muerte. Y durante todos esos años culpé a mi macabra madre por lo que había hecho: ¿había necesidad de que un niño de cinco años vea a su padre muerto?

Cuando pasé la adolescencia lo entendí. Entendí la inmensa (y secreta) sabiduría de mi mamá: entre los ocho y los trece años me atacaban ideas alucinantes de que mi papá estaba vivo.

A veces recorría las calles con la mirada, buscándolo. Lo imaginaba con amnesia, extraviado en algún lugar. Soñaba con reconocerlo, correr hacia él y hablarle. Incluso escribía lo que iba a preguntarle cuando lo viera. Le dibujaba también: hacía monstruos terribles invocando a la muerte, sólo para imaginarlo cerca.

Y cada vez que venían a mi mente esas ideas, cada vez que me descubría buscándolo en Larco, en Pardo, cada vez que recorría con la mirada a los señores sonrientes para ver si lo reconocía, recordaba es imagen del cajón. Recordaba que dormía detrás de un vidrio, que fue enterrado y llorado. Cerraba el círculo.

Aunque siempre venía, con alguna frecuencia, esa ansiedad de reencontrarme con él desaparecía con la imagen que mi madre grabó en mi infantil mente. Como un sello de seguridad que no dejara entrar ninguna de las dudas que se me arremolinaban en el corazón

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Hoy no vi el cajón. Ni me intento convencer de que lo que está dentro del cajón sea mi tía "Chofi". Sólo miré su foto, donde sale sonriente.

No vi un cadáver. Sólo vi cómo cada uno de nosotros nos encontrábamos con la muerte.

Cada uno a su manera.

Sigo sin tener claro si en un velorio somos un grupo de vivos que depedimos a los que se van, o somos los muertos que seremos los que le damos la bienvenida a los que van llegando.

11 comentarios:

MaTT dijo...

Con temor a que mi comentario dañe tan buen post, me atrevo a agregar que la muerte (en la mayoría de los casos) sólo proporciona la conclusión proporcional a la forma con que se ha vivido.

He de decir, que las sonrisas de tus seres queridos, aún cuando muertos, reflejan una vida honorable y una muerte tranquila.

Te felicito Lobito, te has ganado mi respeto.

MaTT

Mixtli dijo...

A los 6 años, murió mi abuela, desde entónces aprendí que si no miraba a esa persona dentro de la caja, mi mente nunca comprendería que ya no estaba... desde entónces es algo que debo hacer para precisamente no buscarla posteriormente, o llamarla...
En fin,un abrazo.

capitan dijo...

ojos humedos

Pandora dijo...

Eu considero que os velórios deveriam ser uma festa de comemoração da vida dos nossos entes queridos, e não a reúnião da tristeza pela sua morte. Afinal de contas, somos todos feitos de energia, que um dia se trasnforma...

Um beijo desde Lisboa

Danza Invisible dijo...

Siento lo mismo que Mixtli. Sólo a mi prima no la miré, porque había muerto de leucemia y antes de su muerte estaba tan demacrada (había perdido más de 20 kilos) que preferí recordarla en sus mejores épocas, cuando jugábamos juntas...

Lobito dijo...

MaTT: vaya fórmula, pensaré un poco más sobre eso. Me queda claro que la muerte es una conclusión. La vida es como una composición.

Mixtli: es verdad, eso me pasaba a mí. Y creo que en el fondo a todos nos pasa o pasará algo similar. Por eso pienso que mi mamá lo supo.

capitán: no se esponje, que hay muertes tranquilas que no nos hacen llorar sino pensar.

Pandora: yo quisiera que el mío sea una fiesta. Que la gente se divierta y que pasen videos de los mejores momentos. Ah, y que se coma muy bien. Beijo fofo

Danza Invisible: Lo mismo que ahora con mi tía. Preferimos recordarla como estaba en la foto: como siempre fue en realidad.

Rose dijo...

:( Yo no lo vi :( ...
Y tambien lo he buscado algunas veces...

joeymiller38722822 dijo...

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Antonio Araiza Aullido dijo...

Algunas veces... recuerdo, revivo algunos pasajes muy parecidos pero no encuentro siempre el camino pero me da gusto aun encontrar personas que cuestionan lo que se dice que nunca podremos evitar.

Es un placer leerte

Antonio Araiza Aullido

reds dijo...

Cuando fallecio mi abuela no queria verla, pero me insistieron y no me arrepiento, parecia una muñequita durmiendo, una paz revelaba su rostro, la arreglaron muy bien, con su mejor traje negro, maquillaje y guantes blancos y flores... te recordamos Alicia...

xxx FroggieS xxx dijo...

Me surge la palabra generosidad, la tuya de compartir estas vivencias.
Lamento que te haya tocado de chiquito, y me alegra que hayas tenido la suerte de una madre sabia para allanarte el camino que te tocó.